lunes, 11 de mayo de 2009

REQUISITOS ESENCIALES PARA LOS ESQUEJES

SUELO Y SUBSTRATOS. Es un requisito importantísimo, que el terreno esté debidamente preparado para el buen desarrollo y la perfecta formación de las nuevas raíces; sin tener en cuenta en este caso, las posteriores exigencias de la planta cuando está en su estado adulto.

Existe una enorme gama de substratos apropiados para las distintas plantas, entre esta gran diversidad, los hay de materias naturales o bien artificiales; exponemos los más importantes:

Turba. De un tiempo a esta parte se ha comprobado que la turba posee sustancias de crecimiento que aceleran el desarrollo de las raíces, principalmente la turba de tonalidad marrón clara, que tiene una gran

capacidad de retención de agua hasta diez veces su volumen.

Arena. Indudablemente es el substrato más antiguo empleado para la reproducción por medio de esquejes, ya que ofrece una serie de ventajas muy intersantes. Es un material muy ligero, árido y con una notable capacidad de retención de agua, que oscila entre el 60 y el 70 %. Es necesario emplear arena de ribera, pero nunca se utilizará arena de playa.

Arena turba. La combinación de estas dos materias es muy empleada por ofrecer excelentes resultados, ya que facilita a la mayoría de las plantas, su desarrollo radicular.

Perlita. Este producto granulado que proviene de lavas volcánicas es muy utilizado en la actualidad por ser muy ligero, estéril, nunca se queda apelmazado por riegos excesivos, y además los esquejes enraizan fácilmente en la perlita. Los peligros se presentan únicamente en el momento del trasplante y durante el período de enraizamiento. Para prevenir dichos peligros, es necesario mantener la perlita constantemente húmeda.

Vermiculita. Está compuesta por varias materias orgánicas, que se presentan en forma de granos gruesos. En la actualidad no es muy empleada, pues los esquejes pueden llegar a pudrirse si no se vigilan constantemente.

Sphagnum. Es un substrato fresco que se asemeja mucho a la turba, pues tiene el mismo porcentaje de retención de agua y en algunas ocasiones superior. El Sphagnum, convenientemente triturado, es muy indicado para el desarrollo de los esquejes.

REPICAJE DE LOS ESQUEJES

Su repicado dependerá del sistema de cultivo empleado, ya sea en invernadero, en campanas de cristal, en túnel de plástico o bien en chasis. El invernadero queda especialmente recomendado para reproducir las plantas cuyos esquejes tienen difícil enraizamiento. Dentro de todos los sistemas empleados, éste es el más cómodo de todos, pero el menos rentable.

Se obtienen excelentes resultados dentro de las campanas de cristal ya que mantienen un ambiente idóneo y preciso a las plantas; sin embargo, tendremos que proporcionarles una adecuada ventilación, durante los días excesivamente calurosos.

El túnel de plástico puede fabricarlo cualquier persona, en su jardín o en pleno campo, y además presenta muchas ventajas, entre ellas su aspecto económico. En este sistema las plantas se desarrollan satisfactoriamente, ya que generalmente la temperatura dentro del túnel suele ser muy elevada. Por último, los chasis son indispensables en cualquier vivero, pues dentro de ellos los esquejes se desarrollan estupendamente. Este sistema es muy recomendado por su economía y facilidad de trabajo.

Injerto

Esta operación consiste en introducir una parte vegetal dentro de otra planta, alimentándola y manteniéndola durante todo su proceso vegetativo. A la planta que ha de sostener el injerto, se la denomina «sujeto», puesto que dicho injerto deberá desarrollarse sobre ella. Normalmente este sujeto o portainjerto es muy resistente con respecto al terreno, pero es poco ornamental para el jardín.

La parte vegetal que ha de introducirse y desarrollarse en el sujeto se denomina «púa o estaquilla».

El injerto es un método de reproducción asexuada, que se utiliza cuando las plantas que se desean multiplicar tienen un sistema radicular débil o sensible a enfermedades; y también, en aquellas que no pueden reproducirse ni por semillas ni por esquejes.

DIFERENTES FORMAS DE INJERTOS

Hay gran diversidad de formas de injertos que se emplean según el árbol, arbusto o conifera. Exponemos los sistemas más utilizados, aunque algunos de ellos son difíciles de realizar por el aficionado, porque requieren una técnica y cierta práctica.

INJERTO DE CUÑA. Este sistema es muy empleado para las coniferas y toda clase de arbustos. Se realiza de la siguiente forma: El portainjerto o sujeto se corta horizontalmente a 2 centímetros de ía tierra y a continuación se le hace un corte longitudinal en el centro de la planta de 1,5 centímetros de longitud. Después se prepara la púa o estaquilla, quitándole la piel y cortándola en bisel hasta acabar en cuña, como si se hiciera punta a un lápiz. Una vez lista la púa, ésta se introducirá en el corte del portainjerto y se atará esta unión con rafia. En algunos casos, para reforzar esta unión, se añade cera líquida o pegamento alrededor de la rafia.

PLACAJE LATERAL. Debido a su fácil realización y a los buenos resultados que se obtienen, este método es el más empleado dentro de árboles y coniferas. Primeramente hemos de tener los portainjertos en maceta de unos 5 centímetros, lugar en el que se efectuará el injerto, procurando siempre que no sobrepase esta altura. La púa que tendrá de 15 a 20 centímetros de longitud, será limpiada en su parte inferior de brotes, para poder facilitar la limpieza de los cortes. La púa se cortará en bisel, únicamente por un lado y en su parte inferior, eliminando solamente su piel. Este corte será opuesto al corte de idénticas dimensiones efectuado en el porta-injertos. La púa y el sujeto se acoplarán por dichos cortes, atando la unión con rafia o con goma.

INCRUSTACION. Se emplea casi específicamente en las Pelionias y en limitadas especies de arbustos. Este método se realiza sobre una raíz fácil de cortar, efectuando, tanto en el sujeto como en la púa, un corte en diagonal en forma de triángulo de 1 centímetro. Después se atarán con rafia, siendo aconsejable afianzarlos con cera líquida que da consistencia al injerto, desapareciendo cuando la planta empieza a desarrollarse. Este sistema puede realizarse también sobre tallos.

INJERTO DE ESCUDETE. Es utilizado en arbustos o en algunos árboles, y muy adecuado para la reproducción de las numerosas y bellas variedades de rosales, Prunus, Acer, Tilo y Lila, entre otros.

El injerto se efectuará lo más bajo posible. Este sistema consiste en quitar una yema de la planta, con madera. Después, sin dañarla, se separará la piel de ¡a yema dejándola al descubierto. El portainjertos, bien limpio, se cortará de tal manera, que separando las dos pieles quede en forma de «T». Luego se introducirá la yema dentro del corte del sujeto y después se ataiá bien con goma o celofán.

INJERTO A LA INGLESA. Es un sistema que se emplea especialmente para las Lilas y para limitados arbustos. Este injerto requiere la misma longitud por ambas partes, haciendo un corte en diagonal de 2 a 3 centímetros. Pero en el caso de ser de distintas medidas, la púa se situará en uno de los lados, nunca-en el centro. Como en los casos anteriores, se atará finalmente con pegamento o rafia.

INJERTO POR APROXIMACION. Es poco empleado en la actualidad, y como su nombre indica, es un sistema que se basa en aprovechar la proximidad de las plantas. Consiste en practicar un corte en cada una de ellas, eliminando la piel y parte de madera; se unirán las dos plantas tocándose por los cortes y al cabo del tiempo esta unión se soldará.

La particularidad que ofrece este sistema es que las dos plantas, en un principio, se alimentan de ellas mismas; después de la soldadura, se cortará la base de la planta que deseemos obtener y las ramas de la planta a desechar.

EPOCA PARA REALIZAR LOS INJERTOS

Los injertos pueden practicarse durante todo el año. El injerto de primavera a partir de marzo se practica a los Chamaecyparis, Piceas, Taxus, Thuyas, Juniperus e igualmente a todos los árboles como el Fagus, Carpinus, Betula, etc.

El injerto de verano se realiza a partir del mes de agosto cuando la planta se encuentra aún. en vegetación activa. En esta época generalmente se practica el injerto de escudete.

El injerto de otoño, practicado desde el mes de setiembre y octubre, se aplica esencialmente a los Cedras y Cupressus. Finalmente el injerto de invierno se empieza a practicar en enero hasta marzo. En esta época, se injertan normalmente los arbustos como las Lilas, Elaeagnus, Bignonias, Cytissus, Hibiscus, Ligustrum, etcétera.

Acodos

Es un sistema de reproducción que consiste en provocar raíces adventicias sobre las ramas. El acodo se aplica a las plantas que no permiten un ciraizamiento separado o cortado de la planta madre. Igualmente se emplea con bastante frecuencia para salvar las extremidades con hojas, de plantas que han perdido su follaje en la base, como en el Philodendrom, Ficus, Dieffenba-chia, etc.; en este caso, recibe el nombre de «acodo aéreo».

Algunas de las plantas reproducidas por acodo, mediante nuevas técnicas, también pueden reproducirse por esquejes, aunque es una operación muy delicada que no puede practicar el aficionado.

FORMAS DE ACODO

Se distinguen dos sistemas: aéreo y subterráneo.

ACODO SUBTERRANEO. Se puede realizar de diversas formas, las más empleadas son las siguientes:

Acodo simple. Se pueden reproducir por este método las plantas que posean ramas bajas y flexibles, con el fin de poderlas introducir en la tierra sin romperlas; ya que consiste en enterrar parte de una rama, sujetándola con una horquilla, en una pequeña zanja previamente abierta y dejando al aire libre el extremo de la rama. La época más idónea para efectuar esta operación es entre los meses de abril y mayo.

Acodo múltiple. Este sistema se realiza, durante el mes de mayo, cuando los pequeños brotes no alcanzan aún los 15 centímetros de longitud; en este caso, cada una de las ramas se introduce en pequeñas zanjas, tapando parte de ellas, pero vigilando que sus pequeños brotes salgan al exterior. El arranque de estas ramas ha de sujetarse por medio de una o varias horquillas, con el fin de fijar el resto de la rama en el suelo. Durante largo tiempo, las ramas que estén semienterradas deberán regarse continuamente, incluso durante el invierno y mantener la zona limpia de hierbas. Estas ramas habrán enraizado ya entre febrero y marzo, época en que podrán arrancarse o cortarse y cultivarse aparte de la planta madre. El acodo múltiple se aplica generalmente a los Corylus o avellanos.

Acodo de brote. Consiste en introducir largas ramas, de 3 a 5 metros de longitud, alternativamente en un surco, como en forma de culebra, sujetándola con una horquilla cada vez que la rama se introduce en la tierra.

Con este sistema podemos obtener varias plantas de la misma rama. Este método puede realizarse según la climatología, entre el mes de marzo y el mes de mayo. La rama permanecerá en la tierra desde el verano hasta finales de invierno; durante esta época, el terreno deberá mantenerse bien limpio y la zanja se regará de una forma continua, ya que la sequedad perjudica enormemente a ios brotes. Este sistema es empleado especialmente para la Glicina, por tener sus ramas largas.

ACODO AEREO. Es un sistema mucho más complicado que el acodo subterráneo: y en muchos casos, es preciso utilizar una escalera para realizarlo. La operación debe efectuarse de la siguiente forma: en principio ha de practicarse sobre ramas de grosor mínimo de un bolígrafo y máximo de 1 centímetro. Sobre el lugar deseado de la rama, se hará un corte longitudinal de unos 5 centímetros de longitud aproximadamente, y sin que llegue al centro del tronco. Si es necesario se puede aplicar en este momento hormonas líquidas o en polvo sobre el corte. A continuación se colocará un poco de musgo o turba humedecida dentro de la herida y en todo su contorno, cubriéndola después con un plástico bien atado con rafia, por arriba y por abajo, para que quede totalmente aislado del aire y del agua. A partir de tres, seis o nueve meses, según la especie de planta, la herida habrá enraizado y se podrá separar de la planta madre. Las plantas que se pueden reproducir por este sistema son las siguientes: Ligustrum, Ficus, Populus, Salix, Magnolia, Rhododendron, etc.

PLANTAS REPRODUCIDAS POR ACODOS

Aparte de las nombradas en el acodo aéreo, pueden reproducirse por este sistema el Corylus, Melus, Acer, Cornus, Glicina, Rhus, etc. Generalmente estas plantas se pueden reproducir igualmente por esquejes, pero su enraizado es mucho más deficiente.

División de mata

Esta operación de reproducción se practica corrientemente, porque es de fácil realización y su éxito está prácticamente asegurado; sin embargo, sólo puede practicarse sobre plantas que se desarrollen en forma de mata. La división de mata es una multiplicación similar al acodo, con la diferencia de que en este último el enraizamiento ha de ser provocado, mientras que en la división de mata se produce de una forma natural.

Su realización consiste primeramente en sacar la planta de la maceta y limpiar sus raíces de tierra, con el cuidado de no dañarlas. Después los pies madres podrán dividirse, procurando siempre conservar en cada división tallos y raíces. Esta operación se puede hacer, en muchos casos, a mano o bien con la ayuda de un cuchillo si el vegetal es fuerte. Las plantas que generalmente se reproducen por este sistema son: Spiraea. Berberís, Buxifolia, Kentia, Aesculus parviflora, Hippericum, Sorbaria, Pachysandra, etc.

EPOCAS PARA SU REALIZACION

Normalmente es preferible proceder a la división de mata cuando la planta esté en reposo vegetativo; no obstante, esta operación se puede realizar en tres épocas distintas.

PRIMAVERA. Es una época muy favorable para efectuar la división de mata; sobre todo para aquellas plantas que soportan mal esta operación durante el invierno. Las plantas que normalmente se reproducen en esta época son entre otras: El Chrysanthemum roseum. Delphinium, Aconitum, Hellopsis, etc.

VERANO. Se suele aplicar, durante el mes de julio, a los Iris después de que se termine su floración. Aunque los calores sean muy fuertes pueden ayudar a las jóvenes plantas a formar nuevas raíces, floreciendo en la primavera próxima.

OTOÑO-INVIERNO. Se ha de procurar realizar la división de mata lo antes posible, para conseguir que las jóvenes plantas tengan tiempo suficiente para dar nuevas raíces. En esta época se reproducen los Corepsis, Astilbes, Rudbeckia, Helenium, Chrysanthemum o Leu-canthemun, Erigeron, etc.

Separación

Dicha operación se diferencia de la división de mata, por el hecho de que la planta madre permanece en la maceta o en el terreno, extrayendo únicamente los brotes o los hijos que crecen alrededor de ella. Es conveniente sacar los brotes más distantes.

Por este sistema se reproducen generalmente las Yucas, las Cortaceiras o Ginerium, y casi todas las Bromelias.

Retoños

Existen ciertas plantas que producen frecuentemente retoños subterráneos; los cuales, si se cortan, pueden formar nuevas plantas. Este es el caso de los Aster, Hypericum, Helianthus y también en verano a los árboles frutales, como el Prunus, Frambuesa, entre otros.

Igualmente, las plantas que tienen estolones en las ramas laterales y si están a cierta distancia de la planta, éstos pueden ser cortados y plantados individualmente.

TIERRAS DE BASE

Denominamos terreno, al volumen que se encuentra bajo la superficie topográfica y que cumple la función de soporte y alimento de la vegetación. El terreno, desde el punto de vista técnico o geológico, se divide en dos partes: suelo y subsuelo.

Suelo

Su procedencia parte de la materia mineral de la roca madre (estructura inorgánica y porosa), que por acción del clima, viento, agua y hielo, se ha modificado, a través de los siglos, en ligeras y frías partículas que posibilitan la vida vegetal.

Los suelos constituidos por sedimentación están compuestos por varios estratos o láminas de distinta composición, ya que proceden de la demodulación de rocas originarias de diversas características. Tales láminas se denominan «horizontes», tiene una relación directa con las posibilidades de la vida vegetal, son relativamente paralelos y se diferencian entre sí por su composición, color, profundidad y estructura determinándose así, en todo terreno, tres capas que influyen en el desarrollo de la vida vegetativa.

AEROBIA

Es la capa más superficial, entre cuyas partículas circula el aire, donde se desarrollan fácilmente las plantas de raíz fasciculada, las raíces infantiles y parte del mismo sistema radicular adulto.

ANAEROBIA

Situada a continuación de la aerobia, y donde el aire penetra con mayor dificultad, es una capa que produce en sus componentes las transformaciones químicas necesarias para la situación de los vegetales, actuando también, como depósito de agua, al conservar la de lluvia necesaria para la sobrevivencia de las plantas durante los períodos de sequía. En ella por almacenar agua y elementos nutritivos, en mayor proporción que la capa superficial, pueden desarrollarse satisfactoriamente las raíces adultas y las grandes plantas de raíces profundas y pivotantes.

CAPA DE RESERVA

Es la tercera capa y la más profunda, que debe cumplir la función de almacén de materia orgánica y mineral, como reserva en el caso de que se agotaran, en las capas superiores, los elementos nutritivos. Dentro de estas tres capas es donde viven y se desarrollan todos los vegetales.

Subsuelo

Esta parte constituye la base o los cimientos del suelo, donde en ocasiones, circulan por ella aguas freáticas o subterráneas, no siendo apta para la vida vegetal. El suelo natural desnudo, es decir, sin ninguna clase de vegetación, no sólo destruye y afea el paisaje, sino que también facilita la acción erosiva de los elementos, que actúan directamente sobre él, dejando al descubierto el subsuelo e imposibilitando el cultivo. Por esta razón, en ocasiones el subsuelo se encuentra excesivamente próximo a la superficie, apareciendo grandes zonas estériles o mínimamente fértiles, como es frecuente en las zonas montañosas graníticas.

Los suelos se vuelven tóxicos para la vegetación, si en ellos predomina fuertemente un elemento nutritivo; como los desiertos de nitrato, aglomerados de azufre, vetas de hierro, etc., considerándose en estos casos subsuelos. Existen también subsuelos falsos como los producidos por erupciones volcánicas.

II. COMPOSICION DEL SUELO

El suelo se compone de cinco elementos básicos, que son: las partículas minerales, las partículas orgánicas, los organismos vivos, el aire y el agua.

a) Las partículas minerales se hallan generalmente en proporción superior a los restantes factores, aumentando con la profundidad. Por ello, las partículas minerales son consideradas como la base sobre la que se disponen los otros factores.

b) Las partículas orgánicas, denominadas también «humus», son residuos de materias vivas y su proporción constituye uno de los indicadores de la riqueza del suelo.

c) Los organismos vivos no son únicamente microorganismos, sino también seres superiores tanto del reino vegetal como del animal. Dichos seres vivos son los que producen todas las transformaciones químicas necesarias para el buen desarrollo de los vegetales; sin embargo, no todos son beneficiosos para las plantas, algunos son perjudiciales. La acción beneficiosa de los microorganismos está supeditada a la existencia de «humus» o partículas orgánicas.

d) El aire es el elemento que equilibra y regula la composición del suelo, puesto que el oxígeno activa las

combustiones superficiales, permitiendo con su escasez las reacciones anaerobias, y también, al combinarse con el carbono, regula las transformaciones energéticas.

c) El agua es el medio de disolución y transporte, pues disuelve las sales minerales que han de nutrir a las plantas. También puede actuar como regulador térmico, dado que tiene uh alto poder acumulativo de calor y frío.

Componentes físicos

Procedentes de las partículas minerales, estos componentes determinan con su proporción las cualidades del suelo, y también los cuidados, abonos y labores precisos para obtener buenos cultivos. Los más importantes son cuatro: arcilla, arena, caliza y humus.

ARCILLA

Es un elemento que posee una extraordinaria adherencia y total impermeabilidad, siendo químicamente inactivo. Los suelos donde predomina la arcilla son de una tonalidad rojiza o amarillo oscuro, y las tierras son fuertes, frías y contienen generalmente bastante hierro y microelementos. La arcilla provoca la retención de agua, por lo que un riego excesivo hace que el suelo se vuelva adherente e impermeable, provocando en algunas ocasiones la putrefacción de las raíces vegetales. Después de efectuados los riegos, se forma en la superficie una ligera costra que dificulta la respiración de las raíces, y al secarse ocasionan grietas, que a veces perjudican a la parte subterránea de la planta. Si un terreno tiene una elevada proporción de arcilla, debe corregirse con abundancia de abonos orgánicos, o de enmiendas a base de cal apagada. En suelos arcillosos es conveniente realizar frecuentes laboreos a fin de neutralizar sus efectos. Dichos laboreos son difíciles de ejecutar, por la gran dureza y compacidad de la arcilla y por la formación de granulados que se adhieren a las herramientas ¿jt, de labor, restándoles poder cortante y aumentándolas en su peso.

ARENA

Estas tierras tienen una apariencia muy granulada y se caracterizan por su sequedad, ligereza, fácil airea-ion y escasa cohesión, siendo bastante frías en invierno v calientes en verano. 'Para poder cultivar en arenales, se deberán suministrar frecuentes abonados, por la falta ,, total de elementos nutritivos, y abundantes riegos para contrarrestar la fluidez del agua. Dichos suelos necesitan más aportaciones de materia orgánica que los restantes elementos, aceptando cualquier clase de abonos orgánicos, tanto alcalinos como ácidos, excepto en los casos de ausencia total de arena son de tonalidad gris amarillento, si están compuestos por arenas calcáreas y de color gris blanquecino cuando dominan las arenas silíceas. Estos suelos son fáciles de trabajar y la tierra no se fija en los aperos. Si el suelo está compuesto por más de 70 % de arena, es necesario enmendarlo con aportaciones de tierras calizas y arcillosas.

CALIZA

Es un elemento que se encuentra en estado granulado y rocoso. Los suelos calizos son de color blanquecino, por predominar la cal y de difícil vida vegetal. Las finísimas partículas calizas se disuelven fácilmente con el agua o formándose una masa que se adhiere a los aperos dificultando los trabajos, la aireación y el drenaje, provocando además rápidos encharcamientos. Después de las lluvias o riegos, se forma una costra o capa superficial y compacta que retrasa y dificulta la germinación y la transpiración de la parte subterránea de la planta. Los laboreos son fáciles si la tierra caliza está seca. Para que estos suelos puedan ser adecuados para el cultivo es necesario corregir su alcalinidad, aligerando con enmiendas a base de materias acidas, humus y fertilizantes de reacciones igualmente acidas. Una vez equilibrados, adquieren las propiedades de retener el agua, los abonos y facilitar las reacciones químicas del suelo.

HUMUS

Elemento que procede de la descomposición de materias orgánicas de origen vegetal o animal y que constituye una de las principales fuentes de fertilidad del suelo. Los terrenos humíferos se hallan normalmente en el fondo de las aguas y son ricos en nitrógeno, aunque pobres en cal, muy ácidos y pantanosos. Se caracterizan por su tonalidad parda, rojiza y negruzca. Requieren enmendarse con cal apagada, para de esta forma neutralizar su excesiva acidez. El humus, debido a sus cualidades, polariza los demás elementos, neutralizando con su acidez los suelos alcalinos, aligerando los terrenos calizos y arcillosos, y aumentando a los arenosos su consistencia.

Tipos de suelos segáis sus composición física

Según la proporción de elementos físicos que los suelos contengan, éstos se pueden clasificar en cuatro clases principales:

SUELOS ALCALINOS

Son terrenos tardíos, polvorientos, fríos y blanquecinos; poseen tanta cantidad de salitre y yeso que dificultan los laboreos y neutralizan las materias orgánicas. Suelos difíciles de enmendar ya que necesitan gran cantidad de abono o materia orgánica. En jardines pequeños, es aconsejable incorporar a este suelo, uno convenientemente fértil, en lugar de enmendarlo. El agua de riego y la lluvia erosiona considerablemente su superficie creando desniveles y ondulaciones.

V SUELOS ALCALINOS

Se denominan así, porque en su composición, la proporción de arcilla predomina ante los demás componentes. Estos suelos se caracterizan por su dureza e impermeabilidad, que ocasiona el encharcamiento superficial causando sequía a las plantas. Son tardíos y difíciles de trabajar por su adherencia a los aperos. Es preciso enmendarlos con abundantes abonos orgánicos >.' y frecuentes laboreos, que se efectuarán cuando el terreno esté húmedo, ya que, si se realizan cuando está seco, se forman terrones difíciles de disgregar, o, por el contrario, cuando está encharcado, éste adquiere una mayor dureza. En estos suelos se desarrollan satisfactoriamente árboles y arbustos, como el olivo y la vid, a condición de que las capas profundas no ofrezcan las mismas características.

SUELOS FRANCOS

Son terrenos equilibrados, de naturaleza fresca, per-J meables, que retienen el agua, ligeros, de reacción neutra, fáciles de trabajar persistiendo la labor y con gran abundancia de elementos nutritivos, admitiendo, igualmente, toda clase de fertilizantes químicos. Están compuestos por cuatro componentes físicos, en las siguientes proporciones:

Arcilla ...... 10 al 15%

Arena o sílice . „ . . 50 al 60 %

Caliza . . . o . . 10 al 20 %

Humus . . o o o o 10 al 15 %

Además de estos suelos presentan la cualidad de ser frescos en verano y templados en invierno, siendo a la vez, tempranos y tardíos. Todo este gran número de cualidades, hacen posible que la mayoría de las plantas, por difíciles que sean, se desarrollen, satisfactoriamente en ellos.

SUELOS SILICEOS-ARCILLOSOS

En ellos predominan generalmente la proporción de sílice o arena sobre la de arcilla, formando suelos cálidos y porosos. Precisan numerosos abonados para compensar su escasez y su tendencia alcalina, al igual que abundantes riegos a fin de combatir la rápida desecación de las plantas. Sin embargo, si la arcilla predomina sobre la arena, se forman terrenos más compactos que deben enmendarse con abonos orgánicos que regulen la alcalinidad y mantengan un estado esponjoso en ellos. Igualmente requieren frecuentes labores para ahuecar las tierras y disgregar los terrenos excesivamente voluminosos, y además enmendadas a base de mangas calizas.

Componentes químicos

Para que las plantas crezcan y se desarrollen de una forma óptima, es necesario que absorban y asimilen numerosos elementos químicos que, se hallan contenidos en la tierra, principalmente nitrógeno, fósforo, potasio y cal, aunque también necesitan, entre otros, hierro, manganeso, azufre, magnesio; y como minerales menores, el cloro, cinc, arsenio, cobre, boro, etc. Para su aprovechamiento, estos componentes deben transformarse en sales solubles, para que las plantas puedan nutrirse de ellos a través del agua, en caso contrario, podrían carecer de alimento en un suelo rico en materia nutritiva. Estos componentes químicos deben estar en runa proporción adecuada, ya que el exceso de uno de ' ellos podría convertir el suelo en tóxico.

FACTOR pH

Es el factor químico que indica la proporción de ácidos y bases que contienen los terrenos, pudiendo ser ácidos, neutros o básicos. Los suelos ácidos tienen un pH 7 que indica que están compensados tanto los ácidos como las bases, y los básicos un pH superior a 7. Los suelos ácidos pueden neutralizarse con cal o compuestos calizos y los alcalinos con abonos orgánicos.

Tipos de suelos según su composición química

Según la proporción de elementos químicos que contengan los suelos, éstos se pueden clasificar en dos grupos principales.

SUELOS ACIDOS

Estos terrenos activan excesivamente el potasio y el magnesio, bloquean los fosfatos, y convierten tan fácilmente el aluminio y el hierro en sales solubles, que en ocasiones pueden llegar a ser tóxicos para los microorganismos. Dichos suelos deben corregirse mediante la adición de cal, a fin de obtener un pH aproximado a 7.

SUELOS ALCALINOS

En estos terrenos se forman compuestos que no se disuelven con el agua, impidiendo la actividad química; por esta razón, las plantas no pueden sustraer las materias nutritivas que contiene la tierra. Para corregirlas deben efectuarse frecuentes laboreos combinados con enmiendas mediante la administración de abonos orgánicos y turba, puesto que los abonos químicos son absorbidos y bloqueados por este suelo. Esta transformación debe realizarse muy lentamente, ya que para obtener buenos resultados, la evolución del pH debe hacerse poco a poco.

ENFERMEDADES Y PARASITOS

La vegetación necesita unas condiciones idóneas a sus necesidades y unos cuidados para que su desarrollo sea frondoso y se efectúe de forma armónica. Pero en ocasiones, las plantas se deterioran y degeneran por los extremos o malos cuidados, o a causa de los múltiples parásitos o seres vivos que se alimentan de ellas. No obstante, las plantas no mueren súbitamente a consecuencia de una enfermedad; generalmente, se debilitan progresivamente después de la aparición de los primeros síntomas del mal que padecen. Para prevenir o curar una enfermedad es necesario conocer sus síntomas para poder establecer un previo diagnóstico y saber elegir el remedio adecuado.

I. ENFERMEDADES PARASITARIAS

Son originadas por animales microscópicos que viven y se desarrollan dentro de las plantas, alimentándose únicamente de las sustancias elaboradas por ellas. Generalmente las enfermedades parasitarias pueden ser fomentadas por las condiciones ambientales o de clima. Las temperaturas elevadas, los niveles altos de humedad, la excesiva exposición solar o la falta de corriente de aire, son los principales factores que favorecen la proliferación de la mayoría de los parásitos, constituyéndose una plaga que puede producir grandes y graves daños a nuestro jardín. Para prevenir en lo posible las plagas, es necesario conocer la biología del insecto o animal parásito y estrotiar las características del terreno, variaciones de clima, vientos, etc., a fin de poder adoptar precauciones preventivas que disminuyan al máximo los daños que puedan causar. Igualmente es necesario consultar a un especialista, ya que el abuso de los tratamientos puede ocasionar la muerte a insectos beneficie-sos que colaboran en la fertilización y en el ataque a los insectos dañinos.

II. HONGOS

Son parásitos diminutos e inapreciables a la vista, que se nutren de las sustancias elaboradas por la vegetación. Los hongos causan en las plantas enfermedades muy graves que generalmente producen su muerte, con el agravante de no poder remediar el mal una vez se observan los primeros síntomas de su ataque. Por esta razón es necesario prevenir la enfermedad antes de que ésta se establezca. Los hongos pueden ser vitalizados principalmente por las condiciones climatológicas o ambientales. Los elementos que favorecen su desarrollo son, una temperatura elevada, fuerte exposición solar, falta de aireación o un alto grado de humedad.

Exponemos seguidamente las principales enfermedades producidas por bongos:

Brotitis

Es un hongo que invade principalmente las plantas delicadas y jóvenes ocasionándoles la podedumbre en el cuello de la raíz, en tallos herbáceos, hojas y flores. En las partes atacadas, que se vuelven de color pardo, aparece una especie de moho de color blanco grisáceo, que es el portador de los órganos reproductores del hongo. Durante la primavera, esta enfermedad se ve favorecida en ambientes muy lluviosos con humedades permanentes, incrementándose la invasión a finales de verano y en otoño. Es necesario prevenir esta enfermedad, ya que una vez propagada sólo puede controlarse con la implantación de cultivo, desinfectando previamente el terreno. Las partes afectadas por dicho hongo y las plantas que se encuentran cerca de la planta enferma deben tratarse con fungicidas. Las plantas más atacadas por esta enfermedad son: las begonias, petunias, geranios, gloximias, cicíámenes, etc.

Mildm

Es una enfermedad producida por hongos que se desarrollan en el interior de la planta. Los síntomas de esta invasión se manifiestan en unas manchas irregulares, en la parte superior de la hoja, de color amarillo pálido que más tarde adquieren una tonalidad parda o marrón; en la parte posterior de la hoja, la zona afectada se caracteriza por una especie de pelusilla de tono gris claro. El Mildiu, que ataca generalmente a las hojas y tallos, se considera una enfermedad muy peligrosa, ya que produce deformaciones en tallos y hojas y las partes- de las plantas fuertemente atacadas se secan y mueren, no existiendo remedio alguno para controlar la invasión una vez manifestada. Este hongo puede desarrollarse rápidamente en condiciones favorables, tales como el exceso de humedad ambiental y temperaturas comprendidas entre los 20 y 25 "O. En estas condiciones, es conveniente prevenir las plantas que puedan verse afectadas por medio de «eriptogamicidas» o «fungicidas». Generalmente el Mildiu ataca & las plantas vivaces, los geranios, claveles, Rosal, Euronimus, etc.

Oidios

Las partes de la planta afectada por estos hongos, generalmente las hojas por ambas caras y los tallos, se caracterizan por estar recubiertas de un polvillo harinoso y de color grisáceo que se adhiere a los dedos, al pasar éstos sobre ellas. Estos hongos proliferan en plantaciones muy densas y en ambientes cálidos y secos, aunque frescos durante la noche. El oidio provoca deformaciones en las hojas y detenciones en el crecimiento. Si el ataque es intenso, las partes enfermas se vuelven de color marrón o pardo y mueren. Son muy numerosas las plantas afectadas por los hongos que causan el oidio; las más sensibles a esta invasión son el Enenino, Geranio y el Rosal, provocando a este último, generalmente cuando está situado a sol y sombra, la detención de su desarrollo, enroscamiento de sus hojas y abortamiento de los capullos florales. Dado que este hongo ataca principalmente los tejidos y partes jóvenes, es conveniente prevenir las plantas durante el período de formación de brotes con un fungicida.

Hoyas

Son unos hongos que se desarrollan entre el tejido intercelular de la planta, extrayendo sus materias nutritivas. Los síntomas de esta enfermedad son unas pequeñas mnnchas de color marrón de la hoja, dando lugar más tarde a unas pústulas de color marrón oscuro. Dichas pústulas, que emiten una especie de polvillo, son los órganos parladores de esporas. Las plantas que sufren esta enfermedad se debilitan considerablemente y las partes fuertemente atacadas son destruidas por completo. Estos hongos se desarrollan más rápidamente en climas bastante húmedos y cálidos, resultando más perjudicadas las plantas situadas en lugares húmedos y bajos. Es conveniente prevenir y combatir esta enfermedad con «crip-togamicidas» o «fungicidas» y en ocasiones es aconsejable eliminar las partes más afectadas.

III. ANIMALES E INSECTOS DAÑINOS PARA LAS PLANTAS

Existen infinidad de insectos de diversas familias y subfamilias perjudiciales para las plantas, pues una invasión de éstos puede causar graves daños en las raíces, tallos, flores y frutos. Exponemos a continuación y por orden alfabético los principales enemigos de las plantas.

Alacrán cebollero

Del orden de los ortópteros, es un insecto de vida subterránea que solamente aparece por la noche en la superficie de la tierra en busca de insectos, generalmente después de una lluvia o riego. Estos animales destrozan, al abrir sus galerías por la tierra, las raíces de las plantas, los bulbos y los tubérculos, causando graves daños a todos los planteles. El alacrán cebollero se elimina fácilmente con cebos envenenados que deben esparcirse por el suelo al atardecer, principalmente después de una lluvia o riego,

Arañas rojas.

Son insectos muy pequeños, casi imperceptibles a la vista y con cuatro pares de patas y de color rojo o amarillo verdoso. Se reproducen con gran rapidez por medio de huevos, que depositan las hembras en la parte posterior de las hojas. El ataque de este insecto se inicia en primavera y verano, viéndose muy favorecido en períodos de sequía o cuando el tiempo es caluroso y seco, y, limitándose por causa de la humedad. Estos animales atacan únicamente al envés de las hojas, picando y extrayendo el alimento de la planta. Su presencia se advierte por diversas manchas de color amarillo-grisáceo en la parte superior de la hoja, y en el envés por una sutil y fina telaraña rojiza o amarillo verdosa que tejen estos ácaros. Las plantas afectadas por esta plaga presentan un aspecto débil y enfermizo, con floraciones escasas. Las hojas fuertemente atacadas adquieren una coloración amarillo-metalizado por causa de la pérdida de la clorofila, se enroscan, se secan y, finalmente, se caen. Estos insectos deben combatirse con verdaderos acaricidas ya que los insecticidas son en su mayoría inocuos a las arañas rojas. Esta enfemedad se produce generalmente en los claveles, rosales y geranios.

Babosas y caracoles. Gasterópodos

Desde primavera hasta octubre, las babosas y caracoles se reproducen por huevos que son depositados en el interior de la tierra; más tarde, eclosionan ya los huevos, estos animales crecen rápidamente dando lugar a su vez a nuevas generaciones. Tanto los caracoles como las babosas atacan únicamente a los vegetales a la llegada del buen tiempo si éste es húmedo, es decir si se ve favorecido por lluvias o fuertes rocíos. Estos animales permanecen en la tierra durante el día, excepto con tiempo nublado, y devoran las plantas durante la noche. Los síntomas de esta invasión son huellas de babas en las flores y zonas comidas en las hojas, pudiendo ser devoradas en su totalidad las plantas herbáceas y jóvenes.

Los caracoles y babosas se combaten por medio de cebos envenenados o helicidas, que deben aplicarse preferentemente al atardecer o por la noche. La aplicación deberá repetirse, si las babosas han comido todo el helicida. Casi todas las plantas herbáceas y especialmente las petunias son atacadas pe estos animales.

Cochinillas

Son insectos de limitada movilidad que se adhieren en las partes leñosas, tallos y envés de las hojas. Existe un gran número de especies que presentan diversos aspectos, aunque todas las cochinillas poseen una característica común, puesto que segregan una substancia cerosa que al contacto con el aire se endurece, formando con ellas, una especie de escudo que las protege de los productos insecticidas. Las cochinillas pueden agruparse en tres importantes grupos:

COCHINILLAS CON ESCUDO (Diaspinos). Este tipo de cochinillas permanecen fijas en la planta y tienen un escudo alargado en forma de coma, que se separa con facilidad, encontrándose debajo de él al insecto.

COCHINILLAS CON DORSO ENDURECIDO (Lecani-nos). Este grupo no tiene caparazón, e¡ falso escudo que presenta esta clase de cochinillas no se puede separar del insecto, ya que es su propia piel endurecida. Normalmente estas cochinillas son mayores que las anteriores y de forma más redondeada.

COCHINILLAS ALGODONOSAS (Pseuáococcinos). Este grupo no lleva ninguna clase de escudo endurecido, segrega una especie de substancia cérea. Estas cochinillas, al contrario que las anteriores, no permanece fija en la planta, trasladándose sobre ella.

Todos estos insectos se reproducen mediante huevos que se encuentran en el interior del escudo. Nacidas las larvas, éstas se trasladan por la planta diseminando la especie, ya que las hembras adultas permanecen fijas. Las cochinillas son insectos chupadores que se alimentan de la savia de las plantas, produciendo con sus picadas, la detención del crecimiento y la debilitación y deformación de los vegetales, causándoles en ocasiones su muerte. Además estos animales producen, al igual que el pulgón, secreciones dulces que atraen y sirven de asiento a los hongos, los cuales agravan las lesiones producidas por las cochinillas. Estos insectos deben combatirse de una forma eficaz por medio de insecticidas sistémicos, que se aplicarán en las partes dañadas, principalmente en el envés de las hojas. Esta enfermedad ataca generalmente a las adelfas, filodendro, kentia, limoneros, naranjos, cactus, paluráceas, etc.

Cochinillas de la humedad

Son crustáceos terrestres con cuerpo oval de dos centímetros de longitud aproximadamente, dotado de siete pares de patas y de color pardo, gris, rosa y hasta negro según la especie. Su nombre procede de la gran predilección que tienen estos parásitos por la humedad, desarrollándose satisfactoriamente en ella las larvas que han sido inoculadas por huevos. Generalmente se instalan en escondrijos sombreados y húmedos, bajo las piedras o entre la vegetación densa y durante el día permanecen ocultos. Estos crustáceos aunque normalmente se alimentan de materia orgánica en descomposición, pueden dañar en ocasiones las plantas, comiendo las partes de ésta que se encuentran a nivel del suelo, principalmente ¡a base del tallo, hojas nuevas, raíces y bulbos. Aunque los daños que originan no son muy graves, un número abundante de cochinillas puede perjudicar seriamente a la planta. El cuadro de daños es similar al producido por los caracoles y babosas, aunque estos crustáceos no dejan huellas de babas. Es aconsejable combatirlos con un elicida en forma granulada que se aplicará cerca de las zonas atacadas. Las principales plantas atacadas por estos crustáceos son: las herbáceas, anuales y bianuales y todas aquellas que precisen mucha humedad en la tierra.

Escarabajos. Los coleópteros

Existen gran cantidad de especies de escarabajos con distintas formas y tamaños, que pueden ser muy perjudiciales a las plantas, ya que las atacan durante todas sus fases metamórficas. Estos insectos se reproducen por medio de huevos, y en su fase de larvación presentan un cuerpo semicircular, de tres a cuatro centímetros de longitud, grueso y de color blanco con la cabeza más oscura. Estas larvas permanecen en la tierra durante algunos años, máximo cuatro, y se alimentan normalmente de la parte subterránea de las plantas, es decir, de raíces, bulbos, tubérculos, etc., provocando graves daños a causa de su enorme voracidad. La planta atacada ofrece un aspecto mustio aun después de haber sido regada o bien se muere sin ninguna razón aparente, aunque después comprobemos que su muerte se deba al desequilibrio producido por la pérdida de sus raíces, devoradas por el gusano blanco. Muchas especies atacan también en su fase adulta, dañando las hojas, flores, frutos y hortalizas. Las zonas perjudicadas se manifiestan por mordiscos dados a las hojas, destrucción de las flores antes de abrirse, etcetera. Los escarabajos, dado que son insectos de tipo masticador, se eliminan muy eficazmente con insecticidas «V de ingestión, ya que éstos causan su muerte por envenenamiento al ingerir las plantas tratadas. También pueden combatirse con insecticidas de contacto. Generalmente las plantas dañadas por los escarabajos son las herbáceas y las plantas jóvenes.

Hormigas

Estos insectos no causan ningún perjuicio a las plantas; no obstante, su peligrosidad reside en sus costumbres, ya que les gusta mucho la melaza que segregan los pulgones, dando lugar a que lleven a otros lugares las infecciones de éstos. Igualmente al hacer sus galerías, . producen un movimiento de tierra que puede dejar al descubierto las raíces de las plantas; causando también desniveles en los parterres y retirando las semillas de los campos. Por todas estas razones, las hormigas deben ser objeto de persecución combatiéndolas con insecticidas en polvo que se esparcirán principalmente sobre sus nidos y sus caminos.

Mariposas y mariposillas

Forman un amplio número de especies de metamorfosis complicada, todas ellas peligrosas en su fase larvaria, de oruga, e inofensivas en su estado adulto, mariposas. Ciertas orugas pueden ser de costumbres nocturnas y otras de hábitos diurnos, es decir, que cumplen su actividad durante el día. Las que poseen piezas bucales masficadoras son las más peligrosas de todas. Los daños que pueden causar este tipo de animales es muy variable. Algunas orugas viven siempre en la tierra y se alimentan de raíces, tubérculos, y bulbos; sin embargo, otras emergen de la tierra durante la noche y comen tallos jóvenes, hojas, frutos, etc. Otros insectos atacan a las hojas y penetran en el interior de ellas, de los tallos y de los frutos produciendo graves daños. Como la mayoría de estos insectos poseen una gran voracidad, su ataque puede ser muy grave, llegando a arrasar en poco tiempo la mayor parte de los vegetales en una terraza o jardín. Normalmente las orugas se combaten fácilmente, aplicando insecticidas de contacto o de ingestión; sin embargo, las orugas que penetran en el interior del tallo abriendo galerías deben combatirse inoculando en dicho tallo gotas de sulfuro de carbono.

Mosca blanca. Los homópteros

Este insecto constituye una verdadera y extensa plaga dentro de ios invernaderos, y pertenece a la misma familia de las cochinillas y de los pulgones. Es un insecto pequeño, de color blanco, de 15 centímetros de longitud aproximadamente y su cuerpo está formado por cabeza, tórax, dos cortas antenas, abdomen, tres pares de patas y dos pares de alas. Se multiplica por medio de huevos que las hembras depositan en la parte inferior de las hojas. Incubadas y nacidas las larvas de color verde amarillento, éstas son muy parecidas a las cochinillas. Las moscas blancas aparecen en el envés de las hojas formando colonias muy densas, y con sus picadas provocan la caída prematura de éstas, en las cuales han aparecido manchas de color amarillento y paulatinamente han perdido su vigor hasta producir su muerte. Al igual que los pulgones y las cochinillas, estos insectos producen unas secreciones azucaradas que sirven de asiento a diversos hongos, los cuales agravan más las lesiones producidas por la mosca blanca. Esta plaga puede combatirse de una forma rápida con insecticidas sis-témicos que deben aplicarse principalmente en la parte inferior de las hojas. Las moscas blancas atacan generalmente al rosal, fucsia y hiedra, entre otras.

Los nemátodos

Estos microscópicos animales viven normalmente en la tierra, aunque algunas especies pueden dañar las partes aéreas de las plantas. Son animales que se desarrollan únicamente en ambientes y terrenos húmedos, perjudicándoles los suelos secos o de naturaleza árida. Los síntomas que presentan las plantas atacadas por los nemátodos son, manchas negras en las hojas a la vez que engrasadas y abarquilladas, reducción de los tallos y endurecimiento de sus puntas, dificultad en la floración, y, en general, un enanismo o raquitismo completo de la planta. Estos minúsculos gusanos poseen una extraordinaria voracidad por los órganos subterráneos de las plantas. Una gran infección de éstos causan la imposibilidad de cualquier tipo de cultivo. Por esta razón estos parásitos de vida subterránea únicamente se pueden eliminar por medio de la desinfección total del suelo con insecticidas sis temióos, o según el caso, aplicando insecticidas en la parte aérea de la planta.

Pulgones

Existen numerosas especies de estos insectos con diversas formas y colores. Generalmente se caracterizan por sus dos largas antenas y tres pares de patas, poseyendo los machos dos pares de alas. Sus colores varían entre el verde, amarillo, blanco, negro, rojizo, etc. Normalmente los pulgones no pueden soportar las bajas temperaturas invernales, muriendo todos ellos cuando empiezan los primeros fríos; sin embargo, los huevos pueden invernar, perpetuando la especie y dando lugar en primavera a nuevos insectos hembras, que pueden poner a una velocidad extraordinaria una multitud de huevos sin necesidad de la cópula con el sexo opuesto, es decir, por «partenogénesis». Estos insectos forman, durante la primavera y el verano, densas colonias que aparecen en el envés de las hojas, sobre los tallos tiernos y también en los capullos de flor. Su proliferación se ve favorecida por el ambiente cálido y la sequía. Todas las clases de pulgones producen enormes daños a las plantas, ya que a causa de sus picadas las hojas se encrespan y abarquillan, los tallos y brotes se retuercen, y en general, el desarrollo de la planta se paraliza por completo causando en ocasiones su muerte. Además los pulgones segregan una especie de mezcla azucarada que atrae a las hormigas y constituyen un medio excelente para la germinación de diversos tipos de hongos, especialmente la negrilla, que agravan los daños producidos por estos insectos. Los pulgones más peligrosos son los que transmiten el virus por medio de su picada, causando la enfermedad infecciosa y totalmente incurable, conocida por el nombre de virosis. Debido a todas estas razones, los pulgones deben combatirse tan pronto se observen los primeros insectos, antes de que puedan producirse en progresión geométrica, con insecticidas que actúen por contacto o por asfixia. No obstante, algunas clases de pulgones, y especialmente los que recubren con una especie de lana o algodón, se eliminan más eficazmente con insecticidas sistémicos, que envenenan la savia. Los pulgones atacan a una infinidad de plantas, entre ellas las vivaces, petunias, geranios, hiedras, rosales, dalias, etc.

Thrips

Son insectos muy pequeño que no llegan a alcanzar los 2 milímetros de longitud. Están dotados de gran movilidad y son de color amarillo, pardo y hasta negro. Su cuerpo está compuesto por cabeza, dos antenas, protórax, abdomen, tres pares de patas y dos pares de alas provistas de pelos en sus bordes. Durante su estado adulto hibernan a escasa profundidad del suelo, despertando en primavera y reproduciéndose mediante huevos por partenogénesis o por vía sexual según las especies. Las hembras depositan sus huevos en la cara inferior de las hojas y una vez nacidas las larvas, estas atacan las flores y las hojas, apareciendo en ellas manchas brillantes de tonalidad blanca o amarilla y excrementos de color negro; produciéndose más tarde el aborto de las flores y la caída prematura de las hojas. Estos insectos se eliminan difícilmente debido a que durante el día ? se esconden entre la tierra y también a su reducido i tamaño. Para combatir y controlar estas plagas es conveniente aplicar en el atardecer insecticidas en las partes dañadas, aunque son más eficaces los sistémicos. Las i plantas principalmente dañadas por estos insectos son: los gladiolos, claveles, rosas, iris, lirios, ciclámenes, fucsias y en invierno pueden atacar también los bulbos aluracenados.

IV. ENFERMEDADES NO PRODUCIDAS POR PARASITOS

Las plantas no padecen únicamente enfermedades producidas por hongos o por insectos, también sufren otros males de origen fisiológico o patológico, cuyos síntomas son difíciles de diagnosticar e igualmente de controlar. La enfermedad de este tipo más característica es la clorosis.

Clorosis

La pérdida de la clorofila produce esta enfermedad, por este motivo se la denomina «clorosis». Sus causas pueden ser muy diversas, como la ausencia de hierro, la carencia total o agotamiento de los micronutrientes o minerales secundarios, y, fundamentalmente por el exceso de carbonato de calcio. La clorosis endémica viene provocada, en ocasiones, por la carencia de sustancias nutritivas en la tierra, a causa de no cambiar periódicamente la tierra, falta de abonados y riegos frecuentes. Las plantas atacadas por la clorosis mueren al poco tiempo por inanición, debido a que se ven imposibilitadas de absorben y asimilar por sus raíces, los elementos nutritivos que contiene la tierra. Los síntomas que produce esta enfermedad son detención del crecimiento de la planta, hojas amarillentas y la caída prematura de ellas.

Para prevenir la clorosis es necesario renovar la tierra., como mínimo, cada dos años; efectuar los abonados necarios a la planta y añadir al agua de riego sulfato amoniacal o sulfato de hierro.